El miedo al cambio en el Trabajo

Nuestro cerebro está cableado para la supervivencia, no para la felicidad.

Por eso, el cambio muchas veces nos abruma o nos asusta. Lo vemos como un ataque a nuestra querida “zona de confort” y nos ponemos a la defensiva.

Y es curioso, porque el cambio es natural en nuestras vidas: las células de nuestro cuerpo se renuevan, la naturaleza se transforma y nosotros, sin embargo, nos quedamos bloqueados porque va a haber una reestructuración en el equipo de compañeros, viene un nuevo jefe o tengo que “digitalizarme” (el último grito de moda en las empresas).

Veamos qué podemos hacer para encontrar la parte amable a los cambios en nuestro entorno profesional:

1. Recoge información contrastada.

Si quieres agobiarte, escucha solo los rumores de la empresa o ciertas redes sociales. Son como el virus del ébola en su día, que iba a arrasar España. Además, hay auténticos contadores de malas noticias que disfrutan alarmando a todo el mundo. Por ello,escucha pero cuestiona. Acude a otras fuentes y contrasta, porque muy seguramente, mucho de cuanto se dice en “radio pasillo” no va a suceder.


2. Relativiza.

Toma distancia de las consecuencias que puede tener el cambio en tu vida. Cuando éramos pequeños, sufríamos una barbaridad con los exámenes. Ahora, con perspectiva, vemos que no eran para tanto. Por ello, una buena manera de conseguirlo es con la regla 10-10-10, es decir, si esto sucede, ¿qué impacto tendrá en los próximos 10 minutos, 10 meses o 10 años? Otra opción es preguntarte: ¿qué sería lo peor que me podría ocurrir? Y, desde ahí, ponte manos a la obra.


3. Ponte en acción.

El miedo es un producto de la mente, que no para de dar vuelta a los problemas. La acción anestesia el miedo. Por ello, cuando veas que viene un cambio, da un paso al frente. Preséntate voluntario a liderar la digitalización (si fuera el caso), a ayudar a la reestructuración o a lo que sea. Sitúate en la actitud del aprendizaje. Pero no te quedes quieto. Piensa y actúa, que es la mejor manera para reducir el miedo.


4. Rodéate de personas que afrontan el cambio con optimismo.

Somos seres sociales, aprendemos imitando. Por ello, si crees que algo no se te da bien, ponte a la sombra de quienes son un ejemplo. No te rodees de “victimistas” que se quejan una y otra vez de lo mismo. Un rato de quejas puede estar bien, pero luego sal y busca tus referentes. Personas que te inspiren.


5. Entrena el músculo del cambio.

Encontrar la parte amable al cambio es también un hábito, que se puede practicar si lo hacemos en momentos más tranquilos en el trabajo o en nuestra rutina diaria, como, por ejemplo, regresar a casa por un sitio diferente, probar otro sabor o escuchar otro tipo de música. Lo que sea, pero distinto.

Fuente: Pilar Jericó

“La naturaleza humana se resiste cuando alguien intenta cambiarla. Cuando la dejan en paz, cambia por sí misma”
Emperador Marco Aurelio
(121 – 180)

Programa de Asistencia Psicológica al Empleado

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